Crónicas de campo y pueblo (continuación)
Dijo Fernando Sánchez Zinny:
Carmen Verlichak y Oscar Marzol atestiguan una pampa que no es hija ni nieta de la de Martín Fierro, sino bisnieta o tataranieta. Hablan de un resabio de la pampa gringa, con sus protagonistas acriollados y con hábitos de trabajo que ennoblecen y dan nuevo sentido a la presencia del hombre en estas tierras. Saga de labradores y de criadores, de puebleros comerciantes, de trabajadores que se acercan a donde sus brazos son necesarios y de médicos rurales.
No es un dato menor el que Verlichak sea croata porque está relacionado a su asombro ante aquello que narra. Suelen ser los extranjeros, o los que así se consideran -este es el caso de Hudson, por ejemplo- los que con más perspicacia descubren y describen las regiones que visitan, justamente por contraponerlas a aquellas de las que provienen y donde se ha originado su modo de ver. Sumamos a esto la prestigiada pluma de Verlichak que ya conocimos en notas y libros anteriores.
Los relatos de Marzol están impregnados de emotivas añoranzas que no inmovilizan sino que estimulan e impulsan, como lo demostró con sus obras. Entre otras el excepcional museo de objetos y testimonios, que hasta contiene un tren con locomotora y estación, y el enorme botánico en medio del campo.
Este libro es, entonces, para Marzol una nueva de sus valiosas iniciativas. Para Verlichak el continuado testimonio de su talento literario y probada sensibilidad. Volver |