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Serbia y Montenegro
Por Carmen Verlichak Para LA NACION - 30/9/2006
A mediados del siglo XIX, Ilija Garasanin, dos veces primer ministro, concibió y trató de llevar a cabo su idea de la Gran Serbia; idea que, lo sabemos bien, causó enorme dolor a los vecinos y a los propios serbios. Hace poco, los sueños y las realidades cayeron una vez más frente a las abrumadoras cifras del referéndum de Montenegro a la hora de decidir separarse, aun cuando, siguiendo un recurso muy conocido, desde Serbia se despacharon flotas de micros con votantes por el “No me separo”. Al mes, Montenegro pasó a ser miembro de las Naciones Unidas por aclamación.
¿Que pasará ahora, disminuidos los anhelos panserbios a una expresión tan pequeña? Siempre habrá que tener en cuenta que, si por ahora los procesos políticos se desarrollan en un marco de tranquilidad, no es, sin embargo, de estabilidad. Por ejemplo, en Montenegro, dos de los partidos políticos dijeron que jamás van a reconocer esos resultados.
En lo que se refiere a Kosovo, no hay a la vista un diálogo entre los serbios y los albaneses de allí, sobre todo hoy, cuando está ausente el finísimo intelectual y valiente político que fue Ibrahim Rugova, presidente de Kosovo hasta su muerte, en 2005. Los norteamericanos y los británicos, entre los principales de la comunidad internacional, advirtieron a Serbia que en caso de no llegar a acuerdos Kosovo podría tener una independencia condicionada (eso sí, sin derecho de unirse a Albania), con lo que Serbia seguiría en este proceso de quedarse con vecinos independientes. A mediados de este septiembre ya se produjeron incidentes de albaneses que atentaron contra serbios, hiriendo a cuatro de ellos al tiempo que amenazaban con una revuelta mayor en caso de no conseguir la independencia.
Por su parte, Macedonia tampoco está totalmente a salvo de sismos políticos. Allí son más frecuentes los desencuentros que los diálogos con los albaneses que viven en Macedonia y constituyen casi un cuarto de la población.
Con todo, es Bosnia y Herzegovina el lugar de mayores incógnitas. Este Estado quedó dividió en dos desde el acuerdo de Dayton, de 1995. Hoy son la República Srpska, por un lado, y la Bosnia croata y musulmana, mientras que sigue el protectorado de las Naciones Unidas. ¿Cómo se podrá resolver esa situación, que si bien sirvió para detener la horrorosa guerra no dejó conforme a casi ninguno? Nadie sabe en qué sentido habría que seguir, pero está claro que no podrá haber una Bosnia y Herzegovina más o menos funcional mientras siga la dependencia entre la República Srpska y Serbia, que es la situación que existe hoy.
En ese sentido, los Estados Unidos advirtieron a Serbia que no tendrá la prometida ayuda financiera (unos 75 millones de euros) si, entre otras cosas, no cesa en su ayuda política y militar a la República Srpska.
Por otra parte, Serbia mantiene relaciones diplomáticas, comerciales y culturales tanto con Croacia como con Eslovenia en un marco de paridad.
Esto es lo que pasa hoy en territorios que Serbia anheló y logró, muchas veces tener bajo su égida. En este escenario lo que se pide hoy es acentuar tanto la sabiduría como la mirada al futuro para evitar o, al menos, mitigar dolorosas confrontaciones.
Así como Montenegro presentó excusas a Croacia por la intervención que le cupo en la agresión de los años 90 y hoy inicia su vida independiente confiada fundamentalmente en la cooperación y en los recursos económicos que le traerá el turismo de su bella costa adriática, así Serbia seguramente encontrará en sus propias riquezas morales y materiales un camino que será tanto más de grandeza cuanto más se aleje de la teoría expansionista de Garasanin.
Carmen Verlichak es autora de Los croatas de la Argentina.
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