CARMEN VERLICHAK - VRLJIČAK

 


 

 

Así vivieron: historias de fortines y paisanos
Por Carmen Verlichak
Para LA NACION - 3/10/2009

Marí Quilá, "Los Trece" en el lenguaje de los indios, lleva como subtítulo: "Así vivieron". Guido Quintana, el autor de este libro, habla de un tiempo en que indios, soldados, gauchos y estancieros, avestruces, zorros, gatos monteses y jaurías de perros hambrientos se disputaron una pampa extensa y desamparada, cruzada por vientos feroces.

Era un paisaje punteado de pulperías, arreos infinitos, malones, boleadoras y loncoteadas, y visitado por jinetes fantasmas.

Sucedió en Vedia, en Teodelina, en Alberti, en Diego de Alvear y en San Gregorio de Santa Fe; en Junín, en Trenque Lauquen, en Iriarte y en General Pinto. En toda esa pampa apenas vertebrada por la línea de fortines que comenzaba con el cabecera, Fuerte Federación, y seguía con El Mirador, El Chañar, El Acha, San Ramón, Morote, Lavalle...

Como actores de este drama, allí estuvieron las chinas y los paisanos. Y los indios Pincén y Pichi Pincén, Baigorrita, Coliqueo, Epúmer, Mainquethruz, Panguí Pilón. Enfrente, Conrado Villegas, el toro Villegas con sus blancos, por darle el nombre que el pueblo dio a la legendaria tropilla. También el mayor Roqueda, el capitán Oribe, Pablo Vargas, Martiniano Charras, el sargento Mayor José Orellano, junto a tantos más.

En el medio se levantaron estancias como Las acacias, La invernada y El Dorado, de Benito Villanueva, célebre por quienes la visitaron; como la Bella Otero, Giacomo Puccini, Georges Clemenceau y, más adelante, Arturo Illia y Arturo Frondizi. Y don Bartolomé Mitre con todos los títulos que le dio la historia, a quien frecuentes viajes en ferrocarril lo llevaban a Vedia.

A través de trece relatos se lee la historia pequeña de entonces, los encuentros cotidianos y los códigos compartidos. Es cierto que esos tiempos pasaron pero los lugares están. Y nos hacemos eco del autor cuando recomienda y dice "en una de esas usted siente la necesidad de visitar esos lugares". Pensamos que los de la ciudad encontrarán, entre auroras, atardeceres nuevos y estrellados eternos, una energía que ya se evaporó en las grandes ciudades. Y algunos gobernantes podrán sorprenderse de esas realidades.

La de Quintana es una pluma fuerte y este libro es un libro fuerte; como lo fue ese tiempo, en el entresiglo del XIX al XX y la vida era dura, muy dura; cuando el temple, el miedo y el amor eran intensos y cotidianos. Así vivieron.

Por Carmen Verlichak
Para LA NACION
El último libro de la autora es: Croacia, cuadernos de un país