CARMEN VERLICHAK - VRLJIČAK

 


 

 

 

Sobre Edipo y la realidad - Studia Croatica

Por Fernando Sánchez Zinny
 
Tanto y tan bien se habla de la percepción de la realidad que parece absurdo querer agregar algo a esa elogiosa y universal canonización. Pero mantenerse adherido a tal culto de lo fáctico – practicado con tanta empeñosa fidelidad– es sólo de relativa utilidad para calmar las incertidumbres que nos acompañan: acatada esa proposición no por eso el mundo ha de cambiar ni nuestro malestar perpetuo se calmará.
En términos históricos y humanísticos, la conexión entre la desnuda materia y la vitalidad que le es inherente ha estado a cargo de la capacidad intelectual de crear símbolos y de reconocer socialmente en ellos la expresión de los dilemas insondables, es decir: ha sido función de la sabiduría y del arte. Una larga tradición de elaboración desde la pasión y la meticulosidad existe al respecto y Carmen Verlichak añade, simplemente, un eslabón más a la cadena que forman tantos intentos lúcidos de comprensión.

¿Por qué, ante todo, este pequeño y entrañable texto se llama como se llama, Edipo y sus hermanos? La respuesta es sencilla: Edipo, golpeado por la fatalidad ve la verdad y la ve de un modo esencial, de un modo terrible que hace inútil sumarle detalles y peculiaridades irrelevantes. Elige, pues, la ceguera no por cobardía ni por hastío, sino porque ya ha visto y de ahí en más su expiación consistirá en retener la memoria de esa imagen para él definitiva.

Por cierto, no es en el fondo distinto el caso de las cegueras fraternales de Hamlet, de Don Quijote, de los Karamazov, de Gregorio Samsa, de Pedro Páramo, de El Otro borgeano, del humillado Héctor, del Ovidio diluido en un destierro atisbado por Vintila Horia, del Dante que avanza conducido de la mano de Virgilio, de Hans Castorp, de El Principito, de Drogo, de los heridos que gimen en las páginas de Berta de Suttner. Todo ellos –de una manera u otra– han visto la realidad, cierta realidad, que es toda la realidad, que es el todo del que nadie atinaría a poder escapar.

Claro, un lector módico podría, a esta altura, hacer una observación aproximadamente exacta y que acaso cabría tomar como objeción interesante: ¿cómo podrían haber visto la realidad seres que no son reales? Convengamos que será vano querer contradecirlo. Desde su perspectiva tiene razón y si en efecto plantea así las cosas, acaso más valdrá dejarlo en paz y no inquietarlo con cuestiones vidriosas.

Pero Carmen Verlichak habla desde otra instancia de lo humano, que es la de la libertad incoercible que a veces nos anima. En esa dimensión, la realidad es algo vivo, engendrado por otro ser vivo y llamado, a su turno, a engendrar otros seres. Todo es y todo se acumula: hechos, objetos, historias, temores y deslumbramientos. En ese punto, el arte, el gran arte, es, en primer lugar, el acrecentamiento simbólico del legado que se nos presenta como la realidad.

Libro gozoso y esclarecedor acerca de la vocación cultural que la exalta, Edipo y sus hermanos es también un friso de los desvelos de Carmen Verlichak, escritora itinerante entre Croacia y el Adriático, donde se encuentran sus raíces, y esta patria nuestra, junto al Plata y al Atlántico, en que ha expandido su follaje: por ello Franz von Suppé, Ivo Andric, el notable escritor albanés Ismael Kadaré, y aun el mismo sufriente pueblo en el que ha nacido, participan, asimismo, en estos diálogos. Sin olvidar que, además, se pliega en ocasiones la sonrisa melancólica del que de veras entiende: “Hay muchos amores –se lee– y algunos no se sacian nunca. Los peores amores no se sacian, son los que nacen del rencor”; y, sobre el final, la escueta indicación de que “Freud siguió tomando notas”.

Cupo a Tonko Mareović, reconocido poeta y crítico, volcar estas trasposiciones literarias a la lengua materna de la autora, versión que en tierras croatas apareció en la revista Republika, pero que no es exactamente la escrita en castellano, pues ésta tiene algunos agregados introducidos con posterioridad a haberse realizado ese esfuerzo de traducción: ellos corresponden a las intervenciones de Suttner, Kadaré, Andrić y el italiano Dino Buzzati. To Je Bilo Ovako, Sucedió así es el título croata de esta obra.
 
                                              
 Sánchez Zinny, escritor y periodista de La Nación es miembro de la Academia de Periodismo
 
(*) Edipo y sus hermanos, edición bilingüe de Krivodol Press, Buenos Aires, 2009.